lunes, 30 de noviembre de 2009

Con solo tocar tu manto

Existen ciertos momentos de la vida, en los que pareciera que nos identificamos mas con Tomas que con la mujer que tocó el borde de tu manto. Si. A veces pareciera que necesitáramos ver los clavos en tus manos para creer; luego tu Espiritu toca nuestros corazones, y nos ministras con tu palabra: “Bienaventurados los que creen sin ver”. En esos días raros, en donde parece que nunca dejará de llover, y que la tormenta se extenderá a cada rincon de nuestras vida es cuando debemos poner tu palabra en acción. Es en ese entonces, cuando todo parece estar mal que vemos tu luz. Es en medio del gran vendaval cuando soplas suavemente entre las nubes del cielo para abrirte paso. Tan solo un milimetro te basta, para hacer brillar al sol en medio de la tempestad. Ahí sabemos, que no hay situación que no puedas controlar, no hay dolor que no puedas calmar. Que todo esta sujeto a Ti y a tu voluntad.
No tendré temor, porque Tu estas conmigo. Se que cuidas de mi, y cuentas cada lagrima que brota de mis ojos. Mi dolor no te es ajeno. Estas presente a cada instante de mi vida. Dejame tocar tu manto este día…
Dejanos tocar tu manto en este día.

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