jueves, 1 de abril de 2010

A tus pies


Tu  cruz se eleva entre dos cruces. A tu lado, dos ladrones de poca monta. Uno se burla de ti y otro cuyo corazón es tocado por tu amor, nos enseña  que aun en la hora de tu muerte continuas ofreciendo amor y compasión. Tu  sangre se vierte en gotas sobre la tierra, sin saber nosotros que seria eterna. Sin tiempo, sin acepción, sencillamente incondicional para quien la quiera.
Tus ojos, cansados de dolor, quieren cerrarse. A través de tu mirada nos enseñas mucho mas que simplemente mirar, nos enseñas a ver como tu ves.
Tus labios ya casi no se mueven… Podrías hablar ahora,  y con solo una palabra, cambiar  el curso de las cosas; sin embargo, continúas callado y con ello nos enseñas a callar, aun cuando nuestra lengua, sedienta de justicia y juicio quema.
Tus manos y pies, con clavos y cuerdas presionando y rompiendo tu carne no luchan, no pusiste resistencia antes, ni ahora, aceptando tu destino y mas que destino misión; Una gran misión de entrega y amor. En este segundo eterno nos enseñas a ser sumisos, a pesar de la adversidad, a entregarnos a la humildad y a esta gran misión de las almas salvar.
La sombra de la tarde cae. Mucha gente ha huido. Solo pocos quedamos a los pies de la cruz. Solo pocos veremos como entregas tu vida y ahora no lo comprendemos, pero con el correr de los días amanecerá un manto de verdad y esperanza.
Señor, la gente te blasfema, se burla de ti, niegan tu poder, Señor, haz algo! Con tus dulces ojos nos miras, y vemos la inmensidad de tu amor como un rayo de sol. A pesar del dolor no pierdes tu amor. Sabemos que puedes, pero no quieres.  Que plan tendrás, Señor?
Ya oscurece, y de pronto, gritas fuerte. Te sientes abandonado, y el dolor quebranta mi alma. Sabes que tendrás que atravesar esta hora oscura por ti mismo, y aun así, sigues adelante. Tu cabeza cae sobre tu hombro, y entregas tu espíritu…Algo esta pasando! El cielo se puso raro, la tierra esta temblando, las rocas se parten, y el velo del templo se rasga en dos, de arriba hacia abajo, dejando un camino nuevo y libre hacia el lugar santísimo.  La confusión y el caos dominan la ciudad por largos minutos, y la gente que te lastimó se da cuenta de que en verdad eras el hijo de Dios. Las mujeres miran de lejos y un hombre justo pide tu cuerpo para sepultarlo.
Tu cuerpo yace, ya sin vida en un sepulcro nuevo, como si hubiera sido preparado para ti. Una gran piedra es puesta para que sellar el lugar en donde descansara tu cuerpo.
Los fariseos tienen miedo, ellos recuerdan lo que dijiste de que al tercer día resucitarías. Se los vio con Pilato, pidiendo permiso para poner mas guardias en tu tumba. Alguien dijo que tienen miedo de que se roben tu cuerpo. La sombra aun no acaba para ellos, y nunca ababará; a pesar de tu muerte continúan sin paz, sus corazones vacíos muestran pocas emociones, incredulidad, negación  y miedo.
Es la mañana del tercer día luego de tu muerte, algunos amigos permanecen juntos, y las mujeres irán a llorar al sepulcro a llorar y perfumar tu cuerpo. A María le preocupa quien moverá la pesada piedra puesta como puerta firme en tu sepulcro, mas con la preocupación presente, algo sucede. Es un ángel! Un ángel baja del cielo, moviendo la tierra  bajo nuestros  pies, un gran  terremoto se desata y mueve la piedra! El ángel, de aspecto como un relámpago y con vestiduras blancas como la nieve, se sienta en la piedra. Los guardias quedan paralizados por el miedo, mas bien como muertos! Las mujeres, creyendo en lo sobrenatural de tu poder escuchan al vocero de luz, quien proclama que ya no estas allí, que has resucitado! Las mujeres corren a contar todo a tus discípulos, y en la rápida carrera te atraviesas en su camino, ellas no pueden mas que abrazarse a tus pies, regocijarse y adorarte. Las voces corren por doquier, la ciudad entera esta revuelta! Ha resucitado! Ha resucitado! El Señor vive para siempre, ha vencido la muerte! La gente con temor y temblor se despierta, y los fariseos no saben como callar la verdad! Lo harán como siempre, con falso testimonio, soborno y crueldad, mas la verdad no podrán callar!
Mas tarde te apareces frente a tus amigos, allí los bendices y les encargas una gran misión, de la cual tu eres la cabeza, de la cual tu les  enseñaste a lo largo de tus  tres años de ministerio: Salvar vidas.
No los dejas solos, les das la promesa de que estarías con ellos cada día de su  vida, y hasta el fin del mundo. No los dejas huérfanos, les dejas a tu Espíritu Santo para acompañarlos, guiarlos y ser su consuelo en todas las penas que deberán pasar.
Ahora comprendo muchas cosas. Ahora entiendo que entregaste tu vida, para que tuviéramos vida. Comprendo que no abriste tu  boca por causa de tu amor, porque amaste a quienes te ofendieron, golpearon y blasfemaron y con eso nos diste una lección. Abriste tu boca para decir que debemos perdonar 70 veces 7, y diste un ejemplo aun mas grande, perdonando cosa peor. Ahora comprendo que en tu muerte tenemos vida, y que no hay nada en el cielo o en la tierra o debajo de ella que nos pueda separar de tu amor. Venciste a la muerte, al devorador y sus huestes, pagaste un alto precio para darme salvación. Ahora entiendo, porque a la hora de tu  muerte se rasgo el velo del templo. Claramente fué para mostrarnos que ya no necesitamos de ningún hombre como intermediario para llegar a nuestro Padre Dios, porque el camino que quedo entre las dos partes del velo hacia la presencia misma de El  fue hecho por ti. Tú eres el Camino para llegar a El.
Ahora entiendo tantas cosas Señor, tantas señales, tantas enseñanzas. Tu Espíritu habla a mi espíritu y me dice que moriste  para salvar  a aquel soldado que tejió una corona de espinas para tu cabeza; Moriste para darle vida al hombre que te dió tantos y tantos latigazos. Moriste por ese pobre hombre vacío que te escupió y aborreció. Moriste por los que dieron falso testimonio contra ti, e incluso por ese que puso clavos y cuerdas a tu cuerpo. Moriste por Pedro, María, Ana, Esteban y Santiago. Moriste por este y aquel. Diste tu vida por cada persona que habita en este mundo. Todos los nombres me son ocultos pero tu los conoces. También pensaste en mí. Moriste también por mi. Ahora comprendo, que te entregaste por amor y no hay en el mundo entero, regalo más grande que tu salvación.


…Moriste…
…Resucitaste…
…Todo por amor…
…Solo quiero amarte…
…Solo quiero servirte…
…Y cada día de mi vida…
…Abrazarme a tus pies, Señor…
….Recordando cada segundo vivido…
…Que diste tu vida, para que tuviera vida…

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